Los transformadores de potencia son componentes críticos para el aumento de tensión y la conexión a la red en plantas fotovoltaicas (PV). Los transformadores sumergidos en aceite y los transformadores secos están destinados a aplicaciones muy distintas, y la elección entre ellos afecta directamente la estabilidad operativa y los costos de mantenimiento de un proyecto fotovoltaico.

Los proyectos fotovoltaicos a gran escala y montados en tierra eligen predominantemente transformadores Sumergidos en Aceite estas unidades utilizan aceite aislante circulante para la transferencia de calor, lo que ofrece una alta eficiencia de disipación térmica y una sólida capacidad de sobrecarga. Son resistentes a condiciones ambientales adversas, como la intensa radiación solar, las fuertes lluvias y las tormentas de arena, y cuentan con una estructura completamente sellada que protege contra la humedad y la degradación, lo que las hace ideales para satisfacer los exigentes requisitos de conexión continua a la red con alta potencia en plantas fotovoltaicas. En contraste, los transformadores de tipo seco dependen de la refrigeración por aire; tienen límites más bajos de disipación térmica y son propensos a un aumento excesivo de temperatura en entornos de alta temperatura, por lo que rara vez resultan adecuados para centrales fotovoltaicas centralizadas al aire libre.
Las ventajas principales de transformadores de tipo seco se basan en su seguridad, específicamente en sus propiedades ignífugas y en la ausencia de riesgos de fugas de aceite, lo que los hace especialmente adecuados para instalaciones fotovoltaicas comerciales e industriales sobre cubiertas, salas de distribución interiores y sistemas fotovoltaicos distribuidos urbanos. Estos emplazamientos suelen ubicarse cerca de fábricas o edificios de oficinas, donde la densidad de personal es elevada y las normativas de seguridad contra incendios son rigurosas. Los transformadores secos no contienen medios inflamables, como el aceite para transformadores, y tienen una huella compacta, lo que los convierte en ideales para los espacios limitados disponibles en las cubiertas.

En cuanto a los costos y al ciclo de vida, los transformadores sumergidos en aceite ofrecen ventajas claras. Para especificaciones equivalentes, el precio de compra de un transformador sumergido en aceite es un 20 % a un 30 % inferior al de un transformador en seco. Cuentan con una estructura más duradera y tasas de fallo más bajas, y únicamente requieren pruebas periódicas del aceite aislante; esto se traduce en unos esfuerzos mínimos de mantenimiento y una vida útil de hasta 25–30 años. Los transformadores en seco tienen unos costos iniciales más elevados y eliminan la necesidad de mantenimiento del aceite, pero sus devanados son propensos a la acumulación de polvo y a la absorción de humedad, lo que exige una limpieza regular de los componentes de disipación térmica; además, generan mayores pérdidas a largo plazo debido al aumento de temperatura y presentan una vida útil más corta, de aproximadamente 20 años.
En resumen, la regla para seleccionar un transformador de potencia para un proyecto fotovoltaico es sencilla: elija transformadores sumergidos en aceite para proyectos fotovoltaicos a gran escala, centralizados y al aire libre, ya que ofrecen una disipación térmica superior y costos más bajos; elija transformadores secos para proyectos distribuidos comerciales e industriales sobre techos, ya que garantizan la seguridad contra incendios y facilitan el cumplimiento normativo.